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Estoy un poco desencantada últimamente con el tema de la moda sostenible. Si leíste mi último post ya sabrás por dónde van los tiros. El caso es que como estoy metida en esto de la moda sostenible con mi blog y el perfil de instagram, el bombardeo es constante. No dejo de ver a gente en instagram promocionando productos como “sostenibles” o “éticos” y bueno si nos metemos en “moda vegana” ya ni te cuento. Esto es la locura.

No me malinterpretes, sigo pensando que un modelo de producción de moda que siga criterios de sostenibilidad y ética es simplemente lo que hay que hacer. Es lo correcto. El tema está en que tenemos dos categorías principales: pequeña y mediana empresa y gigantes de la moda.

Pequeñas marcas. Bonitas y con criterios de sostenibilidad y/o ética

Bien, imagínate que descubres una marca de ropa ideal que es pequeñita y que fabrica en Vietnam, en un taller regentado por mujeres y que cobran un salario decente que les permite llevar una vida digna.

Maravilloso.

Yo soy la primera que pica. Pero qué pico? Pues la verdad es que no NECESITO nada, pero hmmm, tienen una camisa blanca muy mona. En mi armario debe haber 4 ó 5 camisas blancas diferentes pero cada una es distinta, lo juro…

Bien. He decidido que compro la camisa blanca. La compro online claro, porque obviamente no tienen tienda física, así que no me la puedo probar primero.  Pago la camisa, pago el envío y me llega de Vietnam a España (dejemos el tema de la huella de carbono aparte por ahora) y supongamos que me la pruebo y que me está bien. Que es mucho suponer, pero todo es posible.

Hasta aquí, todo genial, no?

Pues sí. Me he comprado una camisa blanca más, de una marca que, por lo que he visto en su web, hace las cosas bien.. Me he gastado una pasta entre la camisa y los gastos de envío, pero oye, si me lo puedo permitir ¿por qué no?

En este caso, la parte sostenible se va un poco al carajo. Yo no necesito otra camisa blanca en realidad. Al final lo que va a pasar es que igual no me la pongo tanto. O que me deshago de una de las que ya tenía porque me ha dejado de gustar.

Al final lo que pasa es que  o acumulo más ropa o me deshago de más ropa.

Y yo lo hago con toda la buena intención, porque oye, para una marca que hace las cosas bien, me apetece apoyarla.

La realidad es que me he gastado el doble de dinero, además de pagar gastos de envío, y mi huella de carbono ha aumentado considerablemente.

¿Ves a dónde quiero llegar?

Sin embargo, la cosa cambia si resulta que es que llevabas siglos buscando una camisa blanca y encuentras ésta, de esa marca que tanto te ha gustado, y sabes que te la vas a poner muchísimo (porque es una camisa blanca, obvio). Ah, y que te lo puedes permitir. Porque esa es otra, muchos no pueden.

Pero bueno, tampoco hay que restringir tanto ¿no? Que si me apetece comprarme algo nuevo porque mi armario me aburre, o porque sí, pues me lo compro y me quedo tan contenta, al menos unos días.

Luego tenemos el ejemplo de los gigantes de la moda

Yo era de las que iba a Zara y arramblaba. Me paseaba por los percheros e iba cogiendo todo lo que me gustaba. Me iba al probador y me quedaba lo que me sentaba bien. Así sin pensar. Ropa barata, mona, y cositas nuevas para el armario. Ahora lo pienso y me parece una locura. Pero seguro que hay muchas que lo hacen.

Qué consecuencias tiene esto? Pues muchas. Y ninguna es buena. Otra vez, acumulamos. Al final es comprar por comprar, sin necesitar. Nos gastamos bastante dinero que podríamos ahorrar o que podríamos destinar a otro fin. Seguramente haya unas cuantas prendas que no te vayas a poner mucho, porque la ropa de Zara suele ser de tendencia. Cuando se acabe la tendencia, ya te la dejas de poner porque “no se lleva”. Yo lo entiendo, a mi me ha pasado muchas veces.

También me ha pasado que he necesitado reponer algo en mi armario (una camisa negra) y no tenía tiempo de ponerme a buscar una marca sostenible que tuviera una, que me llegara a casa, probármelo y tener la suerte de que me quedara bien. Tampoco me podía permitir pagar $200 por la prenda, no tenía ese presupuesto.

¿Qué pasó? Pues que me fui a Massimo Dutti y me compré una por $70 o $100 en vez de $200 o más. ¿Fue una mala decisión? Yo creo que no. Miré la etiqueta y estaba fabricada en Portugal. Hecha de lino (tejido natural) y además monísima y dentro de mi presupuesto. En este caso le dí un voto a Massimo Dutti (que pertenece al grupo Inditex, monstruo del fast fashion) pero le di un voto por algo hecho en lino y fabricado en un país con regulaciones para los trabajadores del textil.

En mi caso, me podía permitir la camisa de $100, pero hay gente que no puede y se compra la de $30 de Zara hecha de poliéster y fabricada en vaya usted a saber. O la de $15 de Primark! ¿Es eso una mala decisión? Cada uno debe mirar por sus circunstancias, sus posibilidades y su armario. Y después aplicar su criterio.

Cada vez veo más claro eso de hacerme un “armario cápsula”. Si tu ya lo haces cuéntame qué tal la experiencia. Me interesa un montón, tengo varios libros sobre el tema pendientes de leer.lo bueno y no tan bueno de la moda sostenible

Pensemos un poco más allá del armario

Creo que debemos pensar un poco más allá cuando consumimos. Yo soy la primera que comete errores. En estos dos últimos años he cometido unos cuantos, similares al ejemplo de la camisa blanca. Me doy cuenta todos los factores que rodean a esa compra y a nuestro armario, y no veo que la gente sea consciente de todo esto. Creo que hay que mirar más allá de si lo que compramos está hecho de forma sostenible o desde el punto de vista ético, o incluso de si es caro o barato. Hay algo más que tenemos que pensar: ¿lo necesito? ¿me lo voy a poner? ¿qué aporta a mi armario? ¿lo puedo combinar con el resto de cosas que tengo? ¿tengo ya algo similar? …

Os dejo con esta reflexión.

lo bueno y no tan bueno de la moda sostenible lo bueno y no tan bueno de la moda sostenible

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Besos!

Elisa

Llevo camisa de Maje de seda de hace al menos 5 años y pantalones de Matter Prints. Los zapatos son the In Moss, hechos a mano en España (no tienen tienda online pero tienen tienda física en Madrid y Murcia) y la cestita es de un mercadillo de Bali,

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